Desde el instante en que el director de la Fundación Infant, Fernando Polackaseguró que el uso de plasma de convaleciente “transforma al COVID-19 en un mal catarro“, las expectativas sobre este tratamiento ser multiplicaron de manera exponencial. Si bien aún falta que los resultados preliminares de la investigación se publiquen en revistas científicas, en Argentina tuvo un fuerte impacto dentro de la comunidad médica y todos los organismos e instituciones que administran plasma, comenzaron a reescribir los protocolos para ampliar la cantidad de gente que puede recibirlo.

La posibilidad de que haya un desequilibrio entre oferta y demanda de dosis de plasma es real.

En Argentina, la utilización de plasma de convaleciente para pacientes con COVID-19 inició en mayo. Tan solo un mes más tarde, se multiplicaron las denuncias públicas acerca de la discrecionalidad en su administración.

Al momento de conocerse que el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde se había recuperado de la enfermedad gracias a este tratamiento, la idea de que quienes tienen más recursos se instaló. Por esos días, también se había viralizado el video de un hombre que estaba internado en el Hospital Santojanni de Capital Federal, en el que había solicitado plasma y no se lo habían otorgado.

Diferentes especialistas del sector público y del sector privado coinciden en que hubo una “politización” del tema y un mal manejo de la información oficial, lo cual creó una falsa idea sobre cómo y bajo qué circunstancias se puede administrar el plasma.

Por otra parte, en el país se llevaron a cabo dos ensayos clínicos doble ciego, es decir los que brindan resultados más confiables debido a su metodología: el del Hospital Italiano, que concluyó que el plasma no es eficaz en pacientes graves, y el que se acaba de conocer de la Fundación Infanta, el cual sostiene que este recurso tiene una eficacia del 61% en adultos mayores de 65 años con COVID leve y un 70% de efectividad en mayores de 75 años sin enfermedades preexistentes, siempre que se lo administre dentro de las primeras 72 horas de la aparición de síntomas.

Actualmente, ante la baja de casos en AMBA, disminuyó la demanda de plasma y por esta razón, insisten en la necesidad de impulsar la donación.

La posibilidad de que haya un desequilibrio entre oferta y demanda de dosis de plasma es real. Por ello, tanto la directora del Instituto de Hemoterapia de la provincia, Alejandra de Bonis, como la coordinadora de la Red de Medicina Transfusional de los Hospitales de la Ciudad, Noemí Lena, coinciden que, en este momento, la estrategia consiste en aumentar el stock de dosis.

En Capital Federal se transfundieron con plasma de convalecientes 787 pacientes que necesitaron 1060 dosis (alícuotas de plasma). En total, 1056 recuperados de COVID fueron donantes. En tanto en Provincia hubo 2763 donantes y se transfundió a 6784 pacientes que necesitaron 7274 dosis. Por ello se estima que cada paciente tiene la capacidad de donar unos 600 u 800 mililitros de plasma y cada dosis, o alícuota, es de 200 mililitros.

En ambas jurisdicciones insisten en que, en el peor momento, durante el pico, pudieron dar a basto con la demanda. Sin embargo, actualmente, ante la baja de casos en AMBA, disminuyó la demanda de plasma y por esta razón, insisten en la necesidad de impulsar la donación.

Los temores incrementan a medida que se conocen cada vez más los resultados. En el mundo hay 3500 trabajos publicados (ensayos clínicos y estudios observacionales) que alimentan las esperanzas. Todavía falta un tramo largo para que exista un único criterio de aplicación, pero las expectativas son altas.

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